SONIA RIESCO. Experta en identificación y estudio de tendencias. AZTI

Producto local, alimento sostenible, ecodiseño, productos ecológicos, orgánicos, canal corto de comercialización…Son muchos conceptos que giran en torno a la sostenibilidad y a lo local. Pero ¿sabemos realmente qué es qué?

Un estudio reciente llevado a cabo por AZTI con consumidores en el marco del proyecto europeo Ecolac no hace sino confirmar las sospechas: el consumidor está confuso y desconfía ante un mercado que debería alinearse con él en una de sus máximas aspiraciones, conseguir un estilo de vida y una alimentación sostenibles y saludables.

ECOLAC

De todo ello tratamos la pasada semana en una de las jornadas de los Cursos de Verano de la Universidad del País Vasco, cuyo eje principal era el consumo y la demanda de los productos locales.

El concepto local se asocia a muchos conceptos que son de interés para el consumidor: proveniencia, salud y bienestar, sostenibilidad, transparencia, artesanal, etc. Y es que una de las principales tendencias de consumo apunta a lo local. Las principales motivaciones: la antiglobalización (los ciudadanos creen más en los productos de cercanía y quieren apoyar al negocio local), la sostenibilidad (se quiere proteger o minimizar el impacto del consumo en el medio ambiente) y la tradición (apoyar las tradiciones y formas de hacer locales es una forma de sentirse más identificado con los productos y las personas).

Los datos de mercado también reflejan el interés del consumidor por lo local. Según datos de consultoras como Mintel, GlobalData o Lantern, la mitad de los españoles confían más en una empresa si fabrica productos en su propio país y casi un 75% cree que la información sobre la procedencia de los ingredientes en el etiquetado ayuda a confiar más en los productos.

Por otra parte, existen múltiples iniciativas (apoyadas por instituciones, gobiernos, empresas, etc.) en pro de lo local, desde la producción hasta la comercialización y la promoción del consumo de productos locales. Ejemplo de ello son, a nivel global, los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030 de la ONU, y a un nivel más local, el Plan Estratégico 2020 de la Gastronomía y la Alimentación de Euskadi.

Existe conciencia y preocupación social, fruto del avance en el conocimiento de problemáticas como la de los micro plásticos (que ya no es sólo de los océanos, la fauna y la flora, sino que ha llegado a la comida), o escándalos relacionados con la seguridad y autenticidad alimentaria que hacen aumentar la desconfianza del consumidor en el sistema agroalimentario.

El contexto es favorable hacia lo local, si tenemos en cuenta por ejemplo, el auge del movimiento veggie (en España el 7,8% de la población adulta declara que lo es), el despunte en nuestro país del mercado de productos orgánicos (mayor oferta y despliegue en los puntos de venta) y una producción cada vez más respetuosa con los animales (como el gran movimiento cage-free en avicultura, donde los principales distribuidores se están posicionando contra la venta de huevos de gallinas enjauladas).

Pero, si bien es cierto que las estadísticas dicen que el 75% de los ciudadanos europeos asegura estar dispuesto a comprar productos más sostenibles… esto se traduce en compra real sólo en un 17%. Sabemos la existencia de ese dilema entre lo que el consumidor piensa, dice y hace. Y es que la ciudadanía asocia lo local con aspectos positivos y relevantes como la riqueza (empleo, ingresos), cultura y tradición (actividad primaria viva, elaboración artesana, productos de siempre), paisaje rural, entorno saludable y respetuoso (hacia el medio ambiente y hacia las personas), y genera empatía y cercanía con la producción y consumo de alimentos. Pero a su vez no quiere renunciar a precio o diversidad/disponibilidad de productos durante todo el año.

Pese a todo este contexto aparentemente contradictorio, las oportunidades son evidentes, tanto para el sector como para la sociedad: lo local es trendy, hay conciencia, se asocia a natural y salud, es sostenible (no sólo ambientalmente, sino desde el punto de vista económico y social), se dispone de sistemas de evaluación de la sostenibilidad de los productos locales con base científica, así como estrategias innovadoras de aprovechamiento de subproductos y desperdicios alimentarios. La gran oportunidad comienza por una mejor y más eficiente comunicación social que invite a la confianza y credibilidad necesaria para que lo local sea una opción real de compra.

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