• El centro tecnológico AZTI ha liderado un estudio internacional para comprobar la evolución del estado anímico de la población durante el confinamiento domiciliario a causa de la primera ola de la pandemia de Covid-19
  • El estudio se ha basado en una encuesta realizada a 6.769 personas procedentes de 77 países.

11 de diciembre de 2020.- Las personas de los países europeos con las políticas más estrictas de confinamiento por el COVID-19 tenían más probabilidades de mostrar síntomas de depresión y ansiedad, según un estudio internacional que investiga el impacto de la desconexión de la naturaleza.

Liderado por el centro tecnológico AZTI, este estudio se basó en las evidencias científicas existentes en torno a cómo el acceso a espacios al aire libre y la naturaleza tienen beneficios para nuestra salud mental y bienestar. Con este estudio, los investigadores han querido resolver la cuestión de si estar alejados de la naturaleza ha influido en nuestro estado de ánimo durante el confinamiento. El estudio, publicado en la prestigiosa revista Science of the Total Environment, fue llevado a cabo durante la primera ola de COVID-19 en Europa (Marzo-Mayo 2020).

Un equipo de investigadores e investigadoras internacionales de España, Reino Unido y Noruega, invitó a la ciudadanía a responder de forma voluntaria a un sencillo cuestionario para comprobar su comportamiento y estado anímico frente a las medidas de restricción de la movilidad más severas. En menos de 20 días, 6.769 personas de 77 países diferentes completaron la encuesta, aunque el análisis se ha centrado en 5.218 respuestas de 9 países.

“La conclusión principal es que las personas que estuvieron bajo confinamiento estricto durante la primera ola de COVID-19 (aquellas a las que sólo se les permitía salir a la calle para acudir al trabajo o realizar la compra, como fue el caso de Italia o España) tenían mayor probabilidad de mostrar síntomas compatibles con la depresión y la ansiedad, en comparación con países donde la gente podía visitar espacios al aire libre como parques”, explica la Dra. de AZTI Sarai Pouso y coordinadora del estudio.

Los investigadores analizaron en mayor detalle el caso de España, que, por las características de la situación epidemiológica del mes de marzo, limitó totalmente la posibilidad de realizar actividades al aire libre, como pasear o practicar deporte. “Los resultados señalan que tener acceso desde el domicilio a un espacio al aire libre (un jardín, un balcón) y tener vistas a algún espacio o elemento natural (la costa, un parque, una zona arbolada) disminuían la probabilidad de mostrar síntomas compatibles con la depresión. Además, las personas con acceso a espacios al aire libre y con vistas a la naturaleza consiguieron mantener un estado de ánimo más positivo durante el confinamiento”, añade la Dra. María C. Uyarra, quien junto al Dr. Ángel Borja y la Dra. Pouso, forma parte del equipo de AZTI.

El efecto positivo de tener acceso a espacios al aire libre y vistas a la naturaleza desde casa era mucho menos importante en países donde no se limitó (o incluso se impulsó) el acceso a espacios al aire libre como parques y otros espacios naturales, siempre y cuando se pudiesen mantener las recomendaciones de distanciamiento social (por ejemplo, Reino Unido o Noruega).

Este resultado implica que, en situaciones estresantes como los confinamientos domiciliarios, permitir a las personas pasar cierto tiempo al aire libre puede ayudar a disminuir la probabilidad de desarrollar síntomas de depresión o ansiedad. Esto puede ser particularmente importante para personas sin acceso a espacio al aire libre o vistas a la naturaleza desde casa, ya que estas personas suelen tener rentas más bajas y viven en zonas urbanas, concluyen los investigadores.

Por grupos demográficos, mujeres y jóvenes presentaron mayor probabilidad de experimentar síntomas de depresión y ansiedad. Sin embargo, los investigadores se muestran cautos con este resultado. “El estudio está condicionado por las características de la muestra poblacional obtenida y no incluyó datos de ciertos grupos que pueden haber sufrido las consecuencias del aislamiento de forma especialmente negativa, como menores de edad o personas mayores dependientes o residentes en residencias” comenta el Dr. Mat White, de la Universidad de Exeter (Reino Unido).

Consejos para las administraciones

Los resultados sugieren que en el caso de que las administraciones tuvieran que tomar nuevas medidas de confinamiento en un futuro próximo, deberían considerar la posibilidad de permitir a la población dedicar cierto tiempo a realizar actividades al aire libre, aunque esta decisión debería ir siempre supeditada a la situación epidemiológica de cada momento. “Pasar tiempo al aire libre tienen un efecto protector en nuestra salud mental por lo que restaurar y extender los espacios verdes y azules en áreas urbanas puede incrementar la resiliencia de las ciudades durante las pandemias” añade Erik Gómez-Baggethun, catedrático de la Norwegian University of Life Sciences (Noruega).

El estudio propone para ello que futuros desarrollos urbanos presten especial atención a la inclusión de elementos que aseguren el contacto con naturaleza (más zonas verdes en espacios públicos, etc.), así como especial atención a sectores poblacionales más vulnerables.

“Este estudio es importante para que los futuros desarrollos urbanos tengan en cuenta que es crucial para las personas tener un acceso equitativo a espacios verdes y azules de calidad. Hemos contribuido a las evidencias científicas que muestran cómo el contacto con la naturaleza nos ayuda a prevenir y a tratar trastornos de salud mental, especialmente en zonas urbanas. Esto es particularmente importante en el contexto actual, pero realmente debería ser una prioridad de los planes de desarrollo a largo plazo y más allá de la pandemia de COVID-19, porque puede realmente mejorar nuestra salud” comenta Lora E. Fleming, directora del Centro Europeo de Medioambiente y Salud Humana de la Universidad de Exeter.

“En resumen, este estudio demuestra que el aislamiento domiciliario estricto al que se sometió a la población en algunos países como España, tuvo un efecto negativo en su salud mental. Sin embargo, no existen datos para saber si estos síntomas han sido persistentes o si desaparecieron una vez acabó el confinamiento”, concluye la investigadora de AZTI Sarai Pouso.

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