Respirar la brisa del mar tan pronto salen del trabajo el uno y de la escuela la otra, es un ritual bien establecido que a diario tratan de cumplir Cédric y su hija de 5 años Lilou. En la playa de la isla de Ré, en la costa atlántica al oeste de Francia, se cuentan su día mientras buscan tesoros en la arena que arroja el mar.

El viernes 18 de octubre marca el comienzo de una aventura para padre e hija: encuentran, entre los tesoros del día, un bote de madera de unos 20 centímetros con una curiosa inscripción grabada en varios idiomas: «Proyecto de investigación en curso, ayúdenos».

Ahí comienza la investigación dirigida por estos detectives en ciernes. La información del pequeño barquito les lleva a un contacto en Euskadi y hacia el proyecto LifeLEMA, apoyado y financiado por la Unión Europea.

Este pequeño recipiente de madera es en realidad un faro que ayuda a comprender la deriva de la basura acuática flotante. Uno de los miles de barcos lanzados entre 2016-2019 para aprehender las corrientes del Golfo de Bizkaia con el objetivo de actuar sobre la propagación de residuos flotantes en el mar y en la costa franco-española.

Cada mini lancha lanzada está numerada: la suya, marcada con el número 0611, se dejó caer al norte del golfo de Bizakia (GPS 45.5º Norte y 4º Oeste) el 16 de septiembre con otras 46 embarcaciones del mismo tipo.

«Con vientos del sur, estas pequeñas embarcaciones fueron a las islas de Ré y Oléron», dice Luis Ferrer, socio de AZTI del proyecto y experto en oceanografía, que recibió las coordenadas de GPS transmitidas por Cédric y que coordina los datos recibidos para conocer mejor las corrientes.

¿Quién descubrirá el siguiente barquito? Seguiremos informando…

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