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Por primera vez se ha podido documentar un intento de apareamiento de tiburón azul (Prionace glauca) en el golfo de Bizkaia, un comportamiento que rara vez se observa directamente en el medio natural. La grabación, realizada el 31 de julio de 2023 durante una inmersión, fue captada por el equipo de MakoPako, specializado en snorkel y avistamiento de tiburones pelágicos.
El registro visual muestra una secuencia de comportamientos compatibles con el cortejo en tiburones: nado en paralelo entre macho y hembra, seguimiento, una mordida en la aleta pectoral y la inversión de ambos ejemplares en el agua. La interacción duró algo más de cuatro minutos y no culminó en cópula, ya que la hembra logró zafarse y abandonar la zona.
De forma complementaria, estos datos han sido analizados en un estudio científico publicado en la revista Web Ecology, desarrollado por un equipo internacional integrado por Ocean Wildlife Project, la empresa vasca MakoPako y el centro tecnológico AZTI.
La secuencia fue captada en modo ráfaga:

El trabajo integra información recopilada entre 2021 y 2024 en campañas científicas y salidas de ecoturismo. En ese periodo se documentaron 17 ejemplares con marcas asociadas al apareamiento.
Los resultados muestran que la mayoría de los individuos con cicatrices eran hembras y que estas marcas se localizaban principalmente en los flancos, aunque también aparecían en branquias y aletas pectorales. Las observaciones se registraron entre junio y octubre, con mayor frecuencia en verano.
Según el estudio, la combinación de la observación directa y la presencia recurrente de cicatrices sugiere que el talud continental frente a la costa vasca podría estar relacionado con la actividad reproductiva de la especie en el Atlántico noreste, aunque será necesario ampliar el seguimiento para confirmarlo.
En la misma zona también se han observado comportamientos similares en otras especies pelágicas, como la raya pelágica (Pteroplatytrygon violacea). Este conjunto de evidencias apunta a que esta franja marina podría tener un papel relevante en distintas fases del ciclo vital de varias especies.
“Se trata de observaciones puntuales, pero aportan información valiosa sobre procesos que son difíciles de estudiar en mar abierto”, explica Maite Erauskin-Extramiana, investigadora de AZTI.
Desde el punto de vista científico, este hallazgo abre nuevas líneas de investigación sobre migraciones, estructura poblacional y comportamiento reproductivo del tiburón azul. Además, pone en valor el papel del ecoturismo responsable como fuente complementaria de datos científicos.
“Este tipo de actividades, cuando se realizan de forma controlada, pueden aportar información única sobre especies difíciles de estudiar en mar abierto”, añade Erauskin-Extramiana.
El descubrimiento subraya también la necesidad de intensificar el seguimiento científico en la zona para evaluar su importancia real en la conservación de una especie considerada vulnerable en diferentes contextos internacionales