La industria alimentaria afronta uno de los mayores desafíos de su historia: producir más alimentos para una población mundial creciente sin comprometer los recursos del planeta. En este contexto, la sostenibilidad se ha convertido en un eje estratégico que exige transformar los modelos productivos, de transformación y distribución hacia enfoques más eficientes, circulares y descarbonizados. Centros de investigación como AZTI, parte de la Basque Research and Technology Alliance (BRTA), desempeñan un papel clave en este proceso, impulsando soluciones basadas en la ciencia y la tecnología para avanzar hacia una industria alimentaria más respetuosa con el medio ambiente.
Uno de los pilares de esta transformación es la economía circular, un modelo que busca mantener el valor de los recursos durante el mayor tiempo posible, minimizando residuos y optimizando su aprovechamiento. En el ámbito alimentario, esto implica repensar toda la cadena de valor —desde la producción hasta el consumo— para reducir pérdidas, mejorar la eficiencia de los procesos y reintroducir materiales y subproductos en nuevos ciclos productivos.
AZTI trabaja en el desarrollo de estrategias, soluciones y tecnologías que ayuden a las empresas del sector a avanzar en esta transición. A través de proyectos de I+D, el centro investiga cómo reducir el impacto ambiental de los procesos industriales, mejorar la eficiencia productiva y energética y optimizar el uso de recursos como el agua o las materias primas. Estas iniciativas contribuyen también a la descarbonización del sector mediante la mejora de la ecoeficiencia y la reducción de emisiones, pérdidas y desperdicio alimentario.
Dentro de este enfoque, la valorización de subproductos alimentarios se ha consolidado como una de las líneas de solución más prometedoras. En los procesos de transformación de alimentos se generan fracciones que no llegan al producto final —como mermas, descartes o coproductos— pero que aún poseen un elevado potencial nutricional y funcional. Proyectos desarrollados por AZTI demuestran que estos materiales pueden convertirse en nuevas materias primas para la elaboración de ingredientes, piensos, biomateriales o bioenergía, generando valor económico y reduciendo residuos, además de disminuir la dependencia de materias primas convencionales en un contexto de creciente presión sobre los recursos.
Aplicando el principio de la economía circular podemos transformar lo que antes se consideraba un residuo en una oportunidad de innovación y competitividad. AZTI ha impulsado ejemplos como el aprovechamiento de subproductos de la uva mediante soluciones de biorrefinería con aplicaciones industriales y alimentarias; de fracciones infrautilizadas del procesamiento de productos del mar para obtener ingredientes de alto valor añadido; o de posos de café para alimentación animal.
En este último caso, se han desarrollado piensos que incorporan entre un 10 % y un 15 % de poso de café como ingrediente, lo que permite no solo valorizar un subproducto, sino también obtener un alimento de alta calidad. Las pruebas realizadas han mostrado resultados positivos tanto en la producción láctea como en la calidad de la leche, además de una reducción de las emisiones de metano de hasta un 20 %.
La combinación de economía circular, innovación tecnológica y valorización de recursos permitirá construir sistemas alimentarios más resilientes y eficientes. En este camino, la colaboración entre centros tecnológicos, empresas y administraciones será clave para acelerar la transición hacia un modelo verdaderamente sostenible.
Este artículo se publicó originalmente en Estrategia Empresarial