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Pasaia, 25 de junio de 2026. La recuperación de un atún patudo marcado hace casi diez años ha abierto una oportunidad científica excepcional para mejorar el conocimiento sobre el crecimiento del patudo y reforzar la base científica de la gestión pesquera. El palangrero gallego Escualo Cuatro, de la armadora MAZAIDO, capturó recientemente en el Atlántico ecuatorial un atún patudo (Thunnus obesus) con una marca externa en el cuerpo. El pez había sido marcado en agosto de 2016 en aguas de Cabo Verde por un investigador de AZTI, en el marco de un programa científico (AOTTP) de la Comisión Internacional para la Conservación del Atún Atlántico (ICCAT). La tripulación del Escualo Cuatro reconoció la marca en el atún, conservó el ejemplar y avisó a ICCAT y a los investigadores de AZTI y del IEO-CSIC. Gracias a esta colaboración entre los sectores pesquero, científico y de gestión, el ejemplar puede aportar ahora información biológica de gran valor.
Los peces cuentan con unas pequeñas estructuras calcificadas llamadas otolitos que registran su crecimiento a lo largo de la vida, de forma similar a los anillos de un árbol. Es, en cierto modo, la caja negra del pez: su lectura permite reconstruir con precisión su edad y tasa de crecimiento.
En 2016, durante la campaña de marcado de ICCAT (AOTTP), un investigador de AZTI inyectó un compuesto químico en un ejemplar de atún patudo de apenas 55 cm, dejando una huella indeleble con fecha exacta en sus huesos. Casi diez años después, ese mismo pez fue capturado de nuevo: había crecido hasta los 158 cm y pesaba 79 kg. Esa señal actúa ahora como un punto de referencia inequívoco. Al analizar ahora ese otolito bajo el microscopio, los científicos pueden distinguir con claridad los anillos formados antes y después del marcado y los que corresponden a los casi diez años transcurridos hasta su recaptura.
«Este pez marcado es una referencia única: nos permite leer con certeza lo que en otros ejemplares solo podemos estimar. Su otolito nos ayuda a validar los criterios y métodos de lectura que aplicamos a toda la población», explica Patricia Lastra, investigadora de AZTI. El análisis de dicho ejemplar se enmarca en el proyecto europeo ITUNNES, que trabaja para mejorar el conocimiento biológico de los túnidos tropicales y reforzar la base científica de las decisiones de gestión pesquera.
“Ese nivel de detalle —saber exactamente cuánto ha crecido un pez entre el marcado y la recaptura y comprobar que los anillos reflejan fielmente ese intervalo— es el que permite construir curvas de crecimiento fiables, una información esencial en los modelos con los que evaluamos el estado de las poblaciones», añade Lastra.
Las decisiones de gestión pesquera, como las cuotas de captura o las medidas de conservación, se apoyan en evaluaciones científicas que estiman el estado de las poblaciones. Para que esas evaluaciones sean fiables es necesario conocer con precisión aspectos básicos de la biología de las especies, entre ellos su crecimiento. Saber a qué ritmo crece un pez afecta a todo lo demás: cuándo se reproduce, cuántos años vive, y en definitiva cuántos ejemplares hay disponibles para la pesca.
El patudo crece despacio y tarda años en reproducirse. Si calculamos mal su edad, en particular la edad de primera madurez, las estimaciones sobre cuántos peces hay en el mar se desvían, y las recomendaciones de pesca pueden quedarse cortas o pasarse, afectando tanto a la población de atún como a las posibilidades de captura futuras. Reducir esa incertidumbre no es un detalle técnico: es lo que marca la diferencia entre una gestión preventiva y una que reacciona demasiado tarde.
Contar con estimaciones de crecimiento robustas no solo es esencial para la conservación de la especie. También influye en la sostenibilidad de una fuente alimentaria estratégica y en la estabilidad de las comunidades y sectores económicos que dependen de la pesca atunera en numerosos países del mundo. «Cada pez marcado y recuperado es una pieza de grandísimo valor científico. Y este ejemplar, en particular, abarca casi toda una vida” concluye Patricia Lastra, investigadora de AZTI.«
Este hallazgo no habría sido posible sin la implicación de quienes faenan cada día en el Atlántico. Reconocer la marca, decidir conservar el ejemplar íntegro y garantizar que llegara a manos de los investigadores son pasos que requieren conocimiento, voluntad y una relación de confianza construida durante años entre el sector pesquero y la comunidad científica.
Esa alianza es la que permite que los programas de marcado tengan sentido. Gracias a las capturas devueltas, gracias a muestras bien conservadas, gracias a los pescadores que entienden el valor de lo que hacen, y gracias a la colaboración y coordinación entre equipos de investigaciones promocionada por ICCAT, la ciencia pesquera atunera mantiene su conexión con la realidad que pretende estudiar.
El ejemplar, una vez descargado en puerto, fue conservado, gracias a la colaboración de la empresa frigorífica gallega WOFCO, antes de ser transferido al equipo científico de ITUNNES. Una cadena de colaboración, basada en el trabajo inicial de coordinación de la secretaria de ICCAT, ha involucrado a la armadora MAZAIDO, al IEO-CSIC y a AZTI, lo que enlaza el trabajo en el mar con la generación de conocimiento científico esencial para la gestión sostenible de los recursos pesqueros.
El análisis de este patudo se enmarca en el proyecto europeo ITUNNES (Improving Tropical tUNa kNowledge for End userS), financiado por la Agencia Ejecutiva Europea de Clima, Infraestructuras y Medio Ambiente (CINEA) y coordinado por AZTI, en el marco del Fondo Europeo Marítimo, de Pesca y Acuicultura (ITUNNES-EU Funding & Tenders Portal).Sus resultados alimentarán directamente los modelos de evaluación de stocks con los que se toman decisiones de gestión en el ámbito internacional, con el objetivo de que la sostenibilidad pesquera esté respaldada por evidencia científica sólida y actualizada.