Un sector que ya mueve la economía vasca
La economía azul no es una promesa a futuro: en 2024 generó, de forma directa e indirecta, unos 37.000 empleos y 2.821 millones de euros en Euskadi, cifras que se sitúan por encima de la media europea. Es, además, una palanca clave para tres retos que marcarán las próximas décadas: la soberanía alimentaria, la descarbonización y la protección de la biodiversidad marina.
La idea que vertebra este enfoque es sencilla de enunciar y difícil de lograr: obtener alimento, energía y actividad económica del mar al ritmo al que el propio mar es capaz de regenerarse. Es decir, explotación sostenible. Ese equilibrio entre productividad y conservación es, precisamente, el terreno donde la ciencia marca la diferencia.
Economía azul: mucho más que pescar
Cuando se habla de «economía azul», muchas personas piensan únicamente en la flota y en las conserveras. Sin embargo, el concepto abarca un abanico de sectores mucho más amplio, buena parte de ellos poco conocidos por el gran público. La estrategia Euskadi Urdina los recoge:
Entender esta amplitud es importante: la economía azul es, en realidad, un ecosistema industrial completo que conecta la mar con la energía, la alimentación, la salud, la digitalización y el turismo.
AZTI, un referente internacional en ciencia marina
En ese ecosistema, AZTI ocupa una posición singular. Con más de 40 años de trayectoria, es hoy uno de los centros europeos de referencia en la cadena de valor marino-alimentaria, y su conocimiento se reconoce mucho más allá de Euskadi: participa en los principales foros científicos internacionales de asesoramiento pesquero y contribuye con datos y modelos a las decisiones que se toman sobre el estado de los océanos y la gestión de las pesquerías.
Esa referencialidad no es teórica. Se traduce en asesoramiento a administraciones, a la Comisión Europea y a la propia industria; en herramientas que ayudan a pescar mejor y con menor impacto; y en soluciones que abren nuevas líneas de negocio a las empresas del sector. Ciencia de excelencia, sí, pero orientada a generar valor tangible.
Ejemplos con doble impacto: economía y océano
El trabajo de AZTI ilustra cómo economía y conservación pueden avanzar juntas:
- Observación del océano y del clima marino: las redes de observación en el golfo de Bizkaia proporcionan información en tiempo real que mejora la seguridad de la navegación, la planificación de las actividades marinas y la comprensión del impacto del cambio climático en la costa.
- Gestión pesquera basada en la ciencia: la evaluación del estado de las poblaciones de peces y el enfoque ecosistémico permiten mantener capturas viables para la flota mientras se protege el recurso a largo plazo —la mejor garantía de que habrá pesca mañana.
- Acuicultura sostenible: el impulso a nuevos modelos de cultivo marino contribuye a diversificar la producción de alimento del mar reduciendo la presión sobre las poblaciones silvestres.
- Biotecnología y nuevos alimentos del mar: la valorización de recursos y subproductos marinos abre oportunidades de alto valor añadido para las industrias alimentaria, farmacéutica y cosmética.
- Océanos más limpios: el conocimiento sobre basuras marinas y salud de los ecosistemas apoya políticas y prácticas que reducen la contaminación y preservan la biodiversidad.
Coger la ola, con la ciencia como tabla
El llamamiento del Lehendakari a «coger la ola» resume bien el momento: existe una oportunidad económica de primer orden y una responsabilidad ambiental irrenunciable, y ambas se juegan a la vez. Para AZTI, la conclusión es clara: el mar podrá seguir generando empleo, alimento y energía durante generaciones si las decisiones se apoyan en el mejor conocimiento disponible. Convertir esa ciencia en competitividad para las empresas y en salud para el océano es, precisamente, la misión que AZTI lleva más de cuatro décadas persiguiendo.