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En las últimas semanas, varias playas del litoral vasco han registrado la llegada de arribazones de algas en los que se ha identificado la presencia de Rugulopteryx okamurae, un alga de origen asiático considerada invasora en distintas zonas de la península. Su detección está siendo seguida con atención por la ciudadanía, las administraciones y la comunidad científica, especialmente por los efectos observados en otras regiones donde la especie lleva más tiempo presente.
R. okamurae es un alga parda originaria del Pacífico occidental, concretamente de las costas de Japón, China y Corea. Fue detectada por primera vez en la península ibérica en 2016, en las proximidades del estrecho de Gibraltar. Desde entonces, ha experimentado una rápida expansión tanto hacia el Mediterráneo como hacia la fachada atlántica de la península.
El alga se detectó por primera vez en el golfo de Bizkaia en 2023, en el estuario del Nervión, y en 2024 se confirmó su presencia en Muskiz y en otros puntos de la costa vizcaína. En el verano de 2026, la aparición de arribazones en playas de Bizkaia y Gipuzkoa, y nuevas observaciones entre Orio y Hondarribia, junto con registros abundantes entre Hendaia y Baiona, indican que la especie se está expandiendo rápidamente por el conjunto del golfo de Bizkaia.
Las especies marinas pueden desplazarse grandes distancias gracias a la actividad humana. Entre las vías de introducción más frecuentes se encuentran las aguas de lastre de los buques mercantes y los organismos que se adhieren a sus cascos. También la acuicultura puede facilitar accidentalmente el transporte de especies cuando se trasladan moluscos u otros organismos entre distintas regiones.
En cuanto a la expansión dentro del Cantábrico y el golfo de Bizkaia, todavía no se dispone de información concluyente. No obstante, se considera probable que haya intervenido una combinación de dispersión natural mediante corrientes marinas y transporte asociado al movimiento de embarcaciones entre puertos. De hecho, muchas de las primeras citas registradas en el litoral cantábrico se localizaron en áreas próximas a instalaciones portuarias. En cualquier caso, es probable que se trate de una introducción secundaria a partir de las primeras poblaciones registradas en el Mediterráneo, y no de una introducción primaria directamente desde el Pacífico.
Uno de los factores que ha podido favorecer su expansión silenciosa es su gran parecido con una especie autóctona muy común en nuestras costas, Dictyota dichotoma. Ambas presentan una morfología muy similar y no pueden diferenciarse con seguridad mediante una simple observación visual.
Esto implica que, cuando R. okamurae está presente en bajas abundancias, puede pasar fácilmente desapercibida. Es posible que la especie lleve más tiempo presente en determinadas zonas sin haber sido detectada hasta ahora.
No todas las especies exóticas son invasoras. Para que una especie sea considerada invasora debe provocar impactos sobre el medio ambiente, la economía o la salud humana.
En el caso de R. okamurae, los principales problemas observados hasta la fecha están relacionados con sus efectos ecológicos y económicos.
Aunque todavía no existen estudios específicos sobre sus impactos en la costa vasca, la experiencia acumulada en otras regiones, especialmente en el Mediterráneo y el estrecho de Gibraltar, muestra que esta alga puede llegar a dominar amplias superficies del fondo marino rocoso. Allí donde se establece con éxito, se han documentado pérdidas significativas de biodiversidad y una progresiva homogeneización de las comunidades bentónicas, desplazando a numerosas especies de algas locales y a su fauna asociada.
Los efectos también se han dejado sentir en sectores económicos vinculados al mar, como consecuencia de la reducción de capturas y del aumento de costes asociados al deterioro de las artes de pesca.
A ello hay que sumar los gastos derivados de la retirada de las grandes acumulaciones de algas que llegan periódicamente a las playas.
Hasta donde se conoce actualmente, R. okamurae no es tóxica al contacto y no representa un riesgo para la salud de las personas.
Las molestias asociadas a esta especie son principalmente de carácter ambiental y recreativo. La presencia de grandes cantidades de algas en el agua puede resultar incómoda para los bañistas, mientras que los arribazones acumulados en la arena pueden generar malos olores cuando comienzan a descomponerse, si no son retiradas.
Actualmente no se dispone de métodos eficaces para erradicar esta especie una vez que se ha asentado y expandido por amplias zonas costeras. En fases muy tempranas, cuando la invasión se limita a unos pocos ejemplares, podría plantearse su eliminación manual. Sin embargo, la dificultad para distinguirla de D. dichotoma hace que la detección precoz resulte especialmente complicada.
Además, la extensión actual de las áreas afectadas en el golfo de Bizkaia hace inviable cualquier estrategia de eliminación directa a gran escala.
Por ello, los esfuerzos deben centrarse en mejorar el conocimiento científico sobre la especie, desarrollar herramientas de gestión y explorar posibles métodos que permitan, al menos, limitar su expansión y reducir sus impactos.
Pese a la creciente preocupación, todavía se desconoce cómo evolucionará la invasión en la costa vasca.
Se considera prioritario elaborar una cartografía detallada de la distribución actual de la especie para conocer exactamente qué áreas han sido colonizadas y cuáles permanecen todavía libres de ella. Esta información permitirá analizar qué factores favorecen su expansión y cuáles podrían limitarla.
También resulta fundamental estudiar sus interacciones con las especies locales. Por ejemplo, si existen herbívoros capaces de alimentarse de ella, si algunas algas autóctonas pueden competir con éxito frente a la invasora o si las condiciones ambientales del golfo de Bizkaia podrían frenar parcialmente su desarrollo.
La monitorización continuada será igualmente esencial. En algunos procesos de invasión biológica, tras una fase inicial de crecimiento explosivo, las poblaciones terminan estabilizándose y alcanzando un nuevo equilibrio ecológico. Sin embargo, todavía es demasiado pronto para saber si ese será el caso de R. okamurae en nuestras costas.
Afrontar el desafío que plantea R. okamurae requiere una respuesta colaborativa, coordinada y sostenida en el tiempo. En este contexto, AZTI colabora con la UPV/EHU en la identificación y el estudio de la especie, contribuyendo a generar conocimiento clave sobre su distribución, biología y evolución.
Avanzar hacia soluciones eficaces exige sumar capacidades entre administraciones, universidades y centros de investigación, de modo que el conocimiento científico pueda traducirse en herramientas de gestión que ayuden a limitar su expansión y reducir sus impactos ecológicos y socioeconómicos.