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En un contexto en el que la sostenibilidad ya no es una opción, sino una condición necesaria para garantizar el futuro del sector pesquero europeo, disponer de herramientas claras, comparables y basadas en datos es esencial.
Desde AZTI hemos desarrollado en colaboración con la Universidad de la Coruña el Blue Fishing Index (BFI) precisamente con ese objetivo: ofrecer un sistema riguroso que permita medir, de forma sistemática y transparente, la contribución de cada barco, segmento o clúster pesquero a la sostenibilidad.
El BFI nace de la necesidad del sector de tener métricas claras, comparables, que permitan saber a cada barco en qué punto está y hacia dónde puede mejorar. No es simplemente un cálculo técnico. Es una herramienta de gobernanza, un sistema de evaluación interna y una palanca para la mejora continua.
El BFI mide la contribución de cada segmento de pesca al crecimiento económico y social respetando el medioambiente.
El BFI se basa en un sistema que tiene en cuenta diversas dimensiones y variables, que facilita una interpretación precisa y adaptable.
Integra tres grandes pilares —ambiental, económico y social— porque la actividad pesquera no puede entenderse desde un único ángulo.
Entre los aspectos que evalúa se incluyen:
Este enfoque multidimensional responde a una idea clave: La sostenibilidad no es un atributo estático, sino un equilibrio dinámico entre múltiples factores que cambian en el tiempo.
El BFI es un sistema de evaluación a partir del cual estimar en qué grado cada segmento de pesca contribuye a un crecimiento sostenible, es decir, un crecimiento económico que respeta el medioambiente, y las condiciones sociales de los pescadores en un entorno de cambio climático. No se trata de una cifra aislada, sino de una posición relativa que ayuda a contextualizar resultados e identificar tanto buenas prácticas como áreas de mejora.
Cuando hablamos de sostenibilidad y asignación de recursos, es inevitable mencionar el Artículo 17 de la Política Pesquera Común, que establece que los criterios ambientales, sociales y económicos pueden influir en la asignación de cuotas.
Es importante aclararlo con precisión: El BFI no nace para repartir cuota, ni para clasificar al sector en “ganadores y perdedores”. Sería un uso simplista y probablemente injusto del índice.
La cantidad total de cuota no cambia; por tanto, cualquier reasignación generaría tensiones legítimas. Si en el futuro las administraciones decidieran utilizar herramientas como el BFI para apoyar ese marco normativo, la clave estaría en el acompañamiento técnico, el diálogo sectorial y las garantías de equidad.
Desde la investigación proponemos otro enfoque, más útil y constructivo: Ver el BFI como un sistema interno de aprendizaje y mejora, no como un mecanismo externo de sanción.
Cuando un barco o clúster obtiene puntajes bajos en una dimensión, no significa que esté actuando mal. Significa que dispone de una oportunidad concreta de mejora, respaldada por datos.
Esto permite:
El sector pesquero se enfrenta a exigencias regulatorias, comerciales y sociales cada vez mayores. Los mercados valoran —y previsiblemente exigirán— métricas de sostenibilidad más completas y verificables.
En este escenario, disponer de una evaluación BFI aporta beneficios estratégicos claros:
El sector pesquero europeo está avanzando hacia modelos más sostenibles, pero la transición requiere instrumentos fiables que permitan medir y demostrar ese progreso.
El Blue Fishing Index es precisamente esa brújula: no dicta el rumbo, pero ayuda a ver con claridad hacia dónde avanzar.
Desde la investigación tenemos claro que la sostenibilidad no se decreta: se construye. Y se construye a partir de datos, análisis riguroso y voluntad de mejora continua.
El BFI no es un examen. Es una herramienta para aprender, anticipar y liderar. Y, sobre todo, es una herramienta científica para orientar la sostenibilidad pesquera desde el conocimiento, no desde la imposición.