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En Euskadi, la esperanza de vida ya supera los 80 años, y se prevé que en las próximas décadas el porcentaje de personas mayores de 65 años siga aumentando de manera significativa. Este escenario constituye tanto un logro como un desafío: ¿cómo garantizar que esos años adicionales se vivan con la mejor salud y calidad de vida posibles?
En AZTI, trabajamos para dar respuesta a esta pregunta de la mano de la ciencia y, en concreto, a través de la nutrición de precisión y el desarrollo de soluciones innovadoras que fomenten un envejecimiento activo y saludable.
La investigación actual demuestra que la alimentación no puede entenderse de manera uniforme: cada persona, según su edad, genética, microbiota intestinal, hábitos y entorno, presenta unas necesidades diferentes. En el caso de las personas mayores, estas diferencias son especialmente relevantes. Factores como la pérdida de masa muscular, los cambios en la percepción sensorial o la mayor prevalencia de enfermedades crónicas requieren un abordaje nutricional individualizado.
Los avances tecnológicos actuales nos permiten conocernos cada vez mejor. AZTI somos referencia a nivel nacional en ciencias ómicas, ya que estamos acreditados como “Centro de Excelencia Cervera” en el uso de ciencias ómicas para el desarrollo de alimentos saludables por el Centro para el Desarrollo Tecnológico Industrial (CDTI) del Ministerio de Ciencia Innovación y Universidades. Un ejemplo de estas tecnologías es la lipidómica de membrana celular de eritrocito, que a partir de una sencilla muestra de sangre permite conocer qué nutrientes necesita nuestro organismo y en qué proporción. Estos datos, combinados con información sobre la microbiota, los hábitos de vida, las preferencias sensoriales o aspectos psicosociales, nos permiten construir perfiles poblacionales más precisos. Con nuestra experiencia y el apoyo de la inteligencia artificial, desarrollamos estrategias de recomendaciones nutricionales y soluciones alimentarias adaptadas a las necesidades de la población sénior.
Además de saber cómo reaccionamos ante distintos alimentos, también trabajamos para sacar al mercado productos específicos que estén adaptados a las necesidades concretas de este sector de la población. Usamos la tecnología para desarrollar productos enriquecidos y funcionales que se adapten a las distintas etapas vitales, a la vez que mantienen características sensoriales en línea con la demanda de las personas consumidoras y que, además, mantienen criterios de sostenibilidad.
En definitiva, trabajamos en el diseño de nuevos alimentos saludables que respondan a los requerimientos de textura, sabor y nutrición de las personas mayores, garantizando tanto la seguridad como el placer de comer.

La investigación en este ámbito se concreta en proyectos de gran alcance, en colaboración con otros centros de investigación, hospitales y empresas. Algunos ejemplos son:
Además, somo parte del Healthy Ageing Think & Do Tank promovido por EIT Food, una iniciativa que reúne a personal de investigación y de innovación en alimentación, así como a profesionales de la salud y expertos en políticas de toda Europa para abordar uno de los problemas más urgentes y a menudo pasados por alto: cómo los sistemas alimentarios pueden adaptarse a las necesidades cambiantes durante el proceso de envejecimiento.
El objetivo de todos estos proyectos no es únicamente generar conocimiento científico, sino también transformarlo en soluciones reales que mejoren la vida de las personas. Esto implica diseñar alimentos adaptados, desarrollar aplicaciones digitales para guiar los hábitos nutricionales, y ofrecer herramientas de diagnóstico que permitan actuar de forma preventiva.
Envejecer no debería ser sinónimo de perder calidad de vida, por eso, través de la ciencia y la innovación, trabajamos para que la población mayor pueda mantener su autonomía, su salud y su bienestar durante más tiempo, para que cada año de vida ganado sea también un año vivido con plenitud.
