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Sísifo y la conciencia planetaria

Los días 8 y 9 de octubre estaremos en Uhinak,  el VII Congreso Internacional sobre Cambio Climático y Litoral

Autor/a: Guillem Chust. Coordinador (PhD)
06.10.2026
Lineas: Cambio climático, Resiliencia y cambio global
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En la plana del Empordà, hay un proyecto para construir un parque eólico. Ana, residente de un pueblo afectado, está en contra del plan por su impacto paisajístico y afección a aves migratorias. Jordi, su vecino, defiende la necesidad de generar energía renovable. Una situación parecida ocurre con un proyecto para abrir minas en Cáceres para extraer tierras raras y otros minerales como el cobalto, esenciales para las baterías de coches eléctricos, móviles y aerogeneradores eólicos. Ambos casos enfrentan a los vecinos, pero comparten el mismo objetivo de combatir el cambio climático.

Tampoco en Euskadi somos ajenos a estas tensiones, ya sea en el debate sobre la implantación de renovables, la ocupación del litoral o la gestión de nuestros montes. La transición energética empieza a estar plagada de compromisos, pero también de un entresijo de intereses.

Efectivamente, Europa empieza a reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero, pero en parte lo hace a costa de comprar gran cantidad de estos minerales que sustentan la mitigación al cambio climático a países como China que, para extraerlos, generan residuos con metales pesados, sustancias químicas y elementos radiactivos, contaminando suelos y aguas subterráneas, y provocando afecciones a la salud de las comunidades cercanas.

En la acción, o inacción, climática, vemos múltiples ejemplos paradigmáticos de compromisos en estrategias de mitigación y adaptación, pero también de bandazos y comportamientos absurdos de la sociedad. En una coyuntura global en la que las guerras se intensifican, aparte de la atrocidad que suponen, se destruye lo que otros construyen y se quema literalmente el petróleo, encaminándonos a superar los 2 ºC en las próximas décadas por encima de los niveles del periodo preindustrial. Estamos ya en la frontera del 1,5 ºC.

Tras un verano con una ola de calor tras otra, la temperatura media mensual global del aire en superficie alcanzó un nuevo récord este agosto al situarse 1,65 °C por encima de los niveles del periodo preindustrial, según datos de Copernicus. Ello nos lleva naturalmente a preguntarnos si el cambio climático está acelerándose. Y mientras nos hacemos estas preguntas, los años van pasando y ciertos fenómenos extremos se recrudecen.

En la DANA de Valencia encontramos otro ejemplo de las contradicciones entre lo que sabemos que hay que hacer y lo que hacemos en la práctica. Actualmente, disponemos de gran conocimiento y capacidad tecnológica sobre los procesos meteorológicos, la hidrología, y las alertas tempranas, pero seguimos permitiendo vivir y construir en zonas que sabemos que tienen una alta peligrosidad de inundación, sea en márgenes de los ríos como en la costa. A día de hoy, en toda la costa del Cantábrico, sabemos con exactitud la periodicidad de las mareas astronómicas y la frecuencia de las meteorológicas, y de ello inferimos la inundabilidad de cada metro cuadrado de litoral, y aún así no solo hay daños por temporales prácticamente todos los años, sino que además sabemos que va a ir a más, porque conocemos la tasa de ascenso del nivel del mar presente y futuro y el aumento de la frecuencia de eventos extremos de oleaje.

Como en el mito griego de Sísifo, avanzamos y retrocedemos al mismo tiempo. Sin embargo, conviene distinguir entre los compromisos inherentes a cualquier transformación profunda y las contradicciones que la bloquean. La transición ecológica exige decisiones difíciles, renuncias y equilibrios entre intereses legítimos, pero no puede prosperar si unas acciones neutralizan sistemáticamente los beneficios de otras.

La cuestión no es elegir un único camino, sino garantizar que todos conduzcan en la misma dirección. Hace ya más de medio siglo, la imagen de la Tierra suspendida en la oscuridad del espacio reforzó la conciencia de que compartimos un único planeta, finito y vulnerable. Hoy, ante una gobernanza internacional cada vez más debilitada y un calentamiento que se aproxima peligrosamente a los 2 °C, resulta más urgente que nunca recuperar esa conciencia planetaria común y fortalecer mecanismos de cooperación internacional capaces de afrontar desafíos que ningún país puede resolver por sí solo.

 

Guillem Chust es Coordinador del área de cambio global en ecosistemas marinos de AZTI y director científico del congreso UHINAK

Artículo de opinión publicado en Diario Vasco

Equipo Investigador

Guillem Chust

Guillem Chust
Coordinador (PhD)

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