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Solemos percibir el cambio climático a través del aumento de las temperaturas, los fenómenos meteorológicos extremos y unas lluvias que llegan en grandes cantidades o que, sencillamente, no llegan. Pero las consecuencias del calentamiento global van mucho más allá.
Bajo la superficie del océano ya se están produciendo grandes cambios. El calentamiento del agua afecta a las corrientes, a los animales y las plantas marinas y a los complejos ecosistemas en los que unos seres vivos dependen de otros. Estos cambios aumentan el riesgo de que los sistemas marinos se acerquen a umbrales críticos: los llamados puntos de inflexión, a partir de los cuales pueden producirse transformaciones profundas y abruptas.
«Ya estamos viendo cómo mueren los arrecifes de coral tropicales, mientras que las olas de calor marinas provocan que peces y mamíferos marinos se desplacen hacia otros ecosistemas. Y si las grandes corrientes oceánicas cambian de forma significativa, las consecuencias podrían ser aún mayores», explica Peter Ditlevsen, profesor del Instituto Niels Bohr de la Universidad de Copenhague.
Ditlevsen dirige el nuevo proyecto europeo interdisciplinar OceanNexus, que investigará las consecuencias de los cambios en los sistemas oceánicos y buscará señales tempranas que adviertan de la proximidad de estos puntos de inflexión, para poder actuar a tiempo.
El proyecto llega pocos años después de que Ditlevsen y su colega suscitaran un amplio debate internacional con su investigación de 2023 sobre el riesgo de colapso de la circulación meridional de retorno del Atlántico, conocida como AMOC por sus siglas en inglés.
Uno de los retos para investigar los puntos de inflexión del océano es la escasez de datos recogidos durante largos periodos. Sin embargo, esperar a disponer de más información quizá no sea una opción, advierte Ditlevsen.
«Recogemos constantemente más datos y de mejor calidad. Pero cada año solo podemos obtener un año de datos, así que ese proceso puede resultar demasiado lento si queremos tener tiempo para responder al riesgo de alcanzar un punto de inflexión», señala.
Si las grandes corrientes oceánicas cambian drásticamente, los efectos no se limitarán a las temperaturas y a la vida marina. También podrían afectar a la pesca, a la economía y a las comunidades costeras que viven junto al mar y dependen de él. Comprender estas conexiones es uno de los objetivos centrales de OceanNexus.
Durante los próximos cuatro años, Ditlevsen y un equipo de investigadores e investigadoras de distintos países europeos estudiarán las señales tempranas de estos puntos de inflexión y explorarán las posibles consecuencias de los grandes cambios oceánicos para la naturaleza, la sociedad y las personas.
Entre otras herramientas, desarrollarán modelos de evaluación integrada, que permiten estudiar de forma conjunta las distintas partes del sistema y describir cómo se relacionan los procesos naturales con las actividades humanas.
El objetivo, por tanto, no es solo comprender si los sistemas oceánicos pueden alcanzar un punto de inflexión, sino también qué sucedería si lo hicieran y cómo afectaría a las personas.
El proyecto busca mejorar nuestra capacidad para detectar señales tempranas de estos cambios críticos y comprender mejor sus posibles consecuencias. Pero el trabajo de OceanNexus no terminará con la obtención de nuevos resultados científicos.
«Ante todo, queremos contribuir a reducir la incertidumbre de las previsiones sobre los puntos de inflexión. También esperamos que una mejor comprensión de las crisis del clima y de la biodiversidad permita ofrecer un asesoramiento más sólido a líderes de opinión y a quienes toman decisiones sobre políticas climáticas, ambientales y pesqueras», explica Ditlevsen.
OceanNexus prestará especial atención a convertir el conocimiento científico en decisiones y acciones concretas. Una línea de trabajo dedicada a las políticas públicas, la gobernanza y la gestión reunirá al equipo investigador con las autoridades y los agentes implicados. Juntos identificarán qué información necesitan, elaborarán recomendaciones concretas y crearán herramientas que ayuden a tomar decisiones sobre el futuro del océano.
La finalidad es conectar la investigación con quienes necesitan utilizar sus resultados: desde los responsables de las políticas europeas hasta los agentes regionales y las personas encargadas de gestionar los espacios marinos.
OceanNexus se centrará en cinco regiones marinas de Europa, con características y retos muy diferentes:
Estas cinco regiones permitirán investigar cómo se conectan los procesos físicos, la vida marina y las actividades humanas, y comprobar si existen señales comunes que indiquen que un sistema se está acercando a un umbral crítico.
AZTI contribuirá al proyecto estudiando tres sistemas del golfo de Bizkaia en los que el calentamiento del océano podría provocar puntos de inflexión: