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La generación de desperdicio es compleja, ya que está relacionada con todas las fases de la cadena de valor alimentaria. De los casi 591 millones de toneladas de alimentos (equivalentes a 131 kg por habitante) que se desperdician cada año en la UE:
El impacto del desperdicio alimentario en el cambio climático y la degradación del medio ambiente es una cuestión crítica que requiere medidas inmediatas. Cada año se desperdician en la UE casi 59 millones de toneladas de alimentos (131 kg/habitante), lo que supone un enorme impacto medioambiental de unos 254 millones de toneladas equivalentes de CO2 (el 16% de las emisiones totales de GEI del sistema alimentario de la UE).
De acuerdo con el Reglamento (CE) No 178/2002 del Parlamento Europeo y del Consejo del 28 de enero de 2002 por el que se establecen los principios y los requisitos generales de la legislación alimentaria, se entiende por «alimento» (o «producto alimenticio») cualquier sustancia o producto destinados a ser ingeridos por los seres humanos o con probabilidad razonable de serlo, tanto si han sido transformados entera o parcialmente como si no. «Alimento» incluye las bebidas, la goma de mascar y cualquier sustancia, incluida el agua, incorporada voluntariamente al alimento durante su fabricación, preparación o tratamiento.
La directiva 2008/98/CE del Parlamento Europeo y del Consejo sobre residuos establece las siguientes definiciones:
Finalmente, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el termino de desperdicio alimentario está dividido en dos conceptos diferentes: pérdidas de alimentos (food loss) y desperdicio alimentario (food waste). Tanto las pérdidas como el desperdicio alimentario hacen referencia únicamente a la parte comestible (o potencialmente comestible) de los alimentos.
El objetivo de reducir el desperdicio alimentario está en consonancia con el ámbito del Pacto Verde Europeo destinado a lograr una Unión Europea climáticamente neutra en 2050. La prevención/reducción del desperdicio alimentario es un paso crucial hacia la mitigación del cambio climático y la adaptación al mismo, la reducción de la contaminación, la mejora de la calidad del aire y la preservación de la biodiversidad. Además, se maximiza la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero contribuyendo al principal reto del Plan de Objetivos Climáticos 2030 de reducirlos en al menos un 55% por debajo de los niveles de 1990 para 2030.
En este sentido, la lucha contra el desperdicio alimentario contribuye a los objetivos de, entre otras, las siguientes iniciativas de la UE:
El desperdicio alimentario en la Unión Europea representa un desafío significativo que afecta tanto a la sostenibilidad ambiental como a la estabilidad económica y la equidad social. Las cifras alarmantes de desperdicio en todas las etapas de la cadena de valor, desde la producción hasta el consumo en los hogares, subrayan la necesidad de adoptar medidas urgentes y coordinadas para reducir esta problemática. Además de reducir el volumen de residuos, es crucial desarrollar soluciones para la valorización de subproductos que surgen durante la producción de alimentos.
La valorización de subproductos ofrece una oportunidad para transformar lo que antes se consideraba residuo en recursos de valor, ya sea mediante su reutilización en otros procesos productivos, su conversión en biocombustibles o su utilización en la industria de fertilizantes y alimentación animal.