Durante décadas hemos hablado de energía como el gran eje geopolítico mundial. Petróleo, gas, minerales estratégicos. Sin embargo, hay un vector que está adquiriendo un peso similar —y en algunos casos superior— y que no siempre ocupa titulares: la alimentación.
El siglo XXI no solo será el siglo de la transición energética. Será también el siglo de la seguridad alimentaria.
Y no hablamos únicamente de producción. Hablamos de control de materias primas, de agua, de tecnología agrícola, de fertilizantes, de proteínas y de cadenas logísticas globales.
La alimentación se ha convertido en un activo estratégico.
Dependencia estructural y nuevas estrategias nacionales
Algunos países presentan una dependencia significativa de importaciones para alimentar a su población. El caso de China es ilustrativo. A pesar de ser uno de los mayores productores mundiales de carne, especialmente porcino y aves, su capacidad agrícola está limitada por la disponibilidad de tierra cultivable y recursos hídricos.
Para sostener su modelo de consumo, China importa grandes volúmenes de soja, cereales y proteína animal. Esta dependencia ha impulsado estrategias de diversificación de proveedores, inversión en terceros países y adquisición de empresas del sector agroalimentario.
No se trata únicamente de expansión empresarial. Se trata de reducir vulnerabilidades estructurales.
Concentración y control de insumos estratégicos
Otro fenómeno relevante es la concentración empresarial en el ámbito de semillas, fertilizantes y agroquímicos. Un número reducido de grandes compañías controla una parte muy significativa del mercado global de estos insumos.
Esto genera eficiencia en algunos ámbitos, pero también incrementa la dependencia tecnológica de agricultores y países. El acceso a semillas mejoradas o a determinados fertilizantes no es neutral desde el punto de vista económico ni estratégico. Como consecuencia, vemos cómo la estructura del mercado influye directamente en la competitividad de los sistemas productivos nacionales.
Impacto de conflictos y disrupciones
La guerra en Ucrania evidenció hasta qué punto la alimentación está integrada en las dinámicas geopolíticas globales. Ucrania era un proveedor relevante de cereales y aceite de girasol en el comercio internacional y, con la interrupción parcial de sus exportaciones, tanto los precios como la disponibilidad en distintos mercados se vieron notablemente afectados y de forma muy rápida.
Algo similar ocurre con los fertilizantes. Gran parte de su producción se concentra en pocos países. La interrupción de su suministro no solo afecta a una región concreta, sino que repercute en la productividad agrícola global. Esto es una muestra más de cómo las cadenas alimentarias son altamente interdependientes, con el consiguiente riesgo que conlleva.
El océano como recurso limitado
La dimensión geopolítica de la alimentación no se limita a la agricultura. Los recursos marinos también forman parte de esta ecuación, ya que una parte significativa de las poblaciones pesqueras mundiales opera en niveles cercanos o superiores al rendimiento máximo sostenible. Esto implica que el margen para aumentar capturas es limitado.
El control de caladeros, acuerdos pesqueros internacionales y desarrollo de acuicultura avanzada son elementos del tablero geopolítico alimentario, convirtiendo la economía azul en una cuestión estratégica.
Europa: posición y retos
En Europa, la percepción general es la de un sistema alimentario estable, con alto nivel de abastecimiento y precios relativamente accesibles. Sin embargo, existe dependencia externa en determinadas materias primas, especialmente en proteína vegetal para alimentación animal y fertilizantes.
La industria alimentaria es el primer sector manufacturero de la Unión Europea y un pilar del medio rural, de ahí la necesidad de integrar la dimensión geopolítica en la estrategia empresarial para reforzar su resiliencia y competitividad.
De esta forma, con el fin de mitigar los riesgos estructurales, es necesario buscar la diversificación de proveedores y la eficiencia productiva, y la innovación tecnológica es el mejor camino para lograrlo.
Competitividad en un entorno interdependiente
Entender la dimensión geopolítica de la alimentación no implica dramatizar el escenario, sino incorporar análisis estructural en la toma de decisiones.
La evolución geopolítica de la alimentación muestra un entorno cada vez más interconectado y sensible a disrupciones. La competitividad futura dependerá no solo de la eficiencia interna de las empresas, sino también de su capacidad para anticipar riesgos en cadenas de suministro, adaptarse a cambios regulatorios y operar en mercados globales complejos.
La alimentación seguirá siendo un elemento básico de estabilidad económica y social, y la diferencia estará en cómo gestionamos su complejidad creciente.