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El cambio climático está transformando de forma acelerada las condiciones de los ecosistemas marinos. El aumento de la temperatura del agua y los cambios en la disponibilidad de alimento están modificando la distribución de numerosas especies de peces, obligándolas a reorganizar sus rutas migratorias y sus áreas de alimentación.
Entre ellas se encuentra el atún rojo del Atlántico, una de las especies más emblemáticas y valiosas de los océanos. Aunque este pez es conocido por su gran capacidad para tolerar diferentes temperaturas, su distribución y sus migraciones están estrechamente ligadas a la presencia de presas. Cuando cambian las condiciones del océano, cambian también sus movimientos.
Comprender cómo responde esta especie a las nuevas condiciones ambientales es clave para garantizar su gestión sostenible y su conservación a largo plazo.
A pesar de ser una de las especies marinas más estudiadas, todavía existen importantes incógnitas sobre la estructura poblacional del atún rojo del Atlántico.
Tradicionalmente se distinguen dos grandes stocks o poblaciones:
Sin embargo, investigaciones recientes sugieren que la realidad podría ser más compleja. Algunas de las preguntas abiertas son:
Los estudios de marcado electrónico han permitido seguir los movimientos de algunos ejemplares con gran detalle. Sin embargo, el número de individuos marcados es relativamente reducido, lo que dificulta extrapolar estos resultados al conjunto de la población.
Para resolver este problema, los investigadores están recurriendo a una herramienta sorprendente: los otolitos.
Los otolitos son pequeñas estructuras calcáreas situadas en el oído interno de los peces. Su función principal es ayudar a mantener el equilibrio y la orientación en el agua.
Pero para la ciencia, son algo más: actúan como auténticos archivos químicos.
A medida que el pez crece, los otolitos incorporan capas sucesivas de carbonato cálcico. Estas capas registran información química del entorno en el que ha vivido el animal, de forma similar a cómo los anillos de un árbol registran las condiciones ambientales a lo largo del tiempo.
Analizando su composición isotópica es posible reconstruir aspectos clave de la vida del pez, como:
El análisis de dos isótopos estables que forman el carbonato cálcico (CaCO3) de los otolitos nos da información muy interesante para saber más acerca del comportamiento de la especie:
Oxígeno (δ¹⁸O): reconstruyendo la historia térmica
En el carbonato inorgánico (como el que forma los otolitos) la relación isotópica del oxígeno (relación entre ¹⁸O / ¹⁶O) varía en función de la temperatura y la composición isotópica del agua de mar. Esto permite utilizar el δ¹⁸O como proxy o indicador indirecto para inferir la temperatura en la que se formaron las distintas capas.
En el caso del atún rojo, este método ya ha sido validado experimentalmente, lo que hace posible reconstruir la historia térmica individual de cada pez y entender por qué ambientes ha pasado durante su vida.
Carbono (δ¹³C): pistas sobre el metabolismo
El análisis del δ¹³C proporciona información complementaria porque refleja:
Combinando ambos indicadores es posible comprender con mayor detalle cómo se relacionan la temperatura y la fisiología del pez, lo que permite identificar sus posibles limitaciones térmicas y, en consecuencia, interpretar mejor su comportamiento migratorio.
Mugitun es un proyecto financiado por la Secretaría General de Pesca que busca generar información clave para una gestión sostenible de la especie.
En concreto, busca:
Los primeros análisis realizados ya apuntan a conclusiones interesantes.
A partir de los valores de δ¹⁸O y δ¹³C registrados en los otolitos, ha sido posible identificar diferencias claras en las historias ambientales y fisiológicas de los individuos analizados, lo que sugiere la existencia de múltiples estrategias migratorias dentro de la población. Algunos parecen recorrer grandes distancias, mientras que otros siguen rutinas más tranquilas y se mueven dentro de zonas más acotadas.
Aunque todavía trabajamos con un número limitado de muestras, estos resultados preliminares apuntan a la coexistencia de estrategias migratorias diferentes dentro de la población, algo que añade complejidad a la ecología del atún rojo.
El siguiente paso será ampliar el número de ejemplares analizados para saber qué estrategias son las más frecuentes. Pero no solo eso: también queremos comprobar si estas formas de moverse están relacionadas con el lugar donde se capturan los peces. Es decir, si los atunes que llegan a las almadrabas en la entrada del Mediterráneo, los que se pescan en el interior del Mediterráneo o los que aparecen en aguas del norte, como Noruega, mantienen proporciones similares de estas estrategias, o si, por el contrario, cada zona alberga contingentes que se comportan de forma distinta.