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La pandemia ha provocado cambios coyunturales en la sociedad y un viaje acelerado al futuro en determinados cambios estructurales que ya estábamos experimentando. El cambio climático con gran impacto en la sociedad futura no se ha acelerado, pero tampoco se han frenado.
Las proyecciones demográficas y la huella ecológica de una persona, por alimentarse y consumir energía, implicarán un incremento de 41 a 60 Gt/año de gases con efecto invernadero si mantenemos los sistemas de vida actuales. Esto nos pone en el camino de un incremento de unos 5ºC por encima de los niveles preindustriales. Mejoras continuas en eficiencia de procesos y un cuso de energías renovables nos podrían llevar a menores emisiones, hasta 35 Gt/año y un incremento de 3ºC. Un calentamiento de más de 1,5ºC provocará subida del nivel del mar, perdida generalizada de la biodiversidad, nuevas plagas y no se dispondrá de agua suficiente ni de tierras para la producción de alimentos.
Prácticamente el 100 % de la ciencia está de acuerdo que el responsable de ese cambio es nuestro estilo de vida actual. Las dudas no son sobre si hay cambio climático, son sobre la velocidad del cambio. Cualquier de estos escenarios requerirán cambios significativos en la sociedad, las personas, los negocios y sistemas económicos.
Hace unas semanas la presidenta de la Comisión, Ursula Von de Leyen, ha propuesto elevar al 55 % la reducción de emisiones contaminantes de la UE para el 2030. Nos enfrentamos ante un desafío enorme y es fácil entender que nos falle el ánimo, sin embargo, hay motivos para estar optimistas, la visión de la “sostenibilidad” se puede aplicar a todas las áreas de la actividad humana.
Es un reto enorme que debe servir de guía a las estrategias empresariales, las políticas públicas y los instrumentos financieros, como los fondos de recuperación europeos, en definitiva, para transformar la sociedad y las personas. Entender la necesidad de abordar estos cambios es fundamental para la colaboración publico privada y organizarnos para afrontar el futuro con garantías de éxito, como ha realizado el Gobierno Vasco en su nueva estructura vinculando el Desarrollo Económico con la Sostenibilidad y el Medio Ambiente.
El desarrollo económico del futuro será sostenible o no habrá desarrollo.
Tenemos ante nosotros enormes desafíos y nos preguntamos ¿por dónde empezar?
Aunque son muchas alternativas se debería poner el foco en cinco grandes áreas de actuación.
Abordar estos grandes desafíos precisan de palancas que faciliten su implementación como formación, concienciación y participación ciudadana; nuevas regulaciones y políticas e incentivos fiscales, económicos y un consumo integro, basado en la cadena de valores. Los consumidores tenemos que dejar de ser compradores pasivos hacia actores activos y auto organizados que dan forma a los mercados y favorecen que se desarrollen soluciones basadas en sus valores y preferencias.
Todo este camino no será posible sin la ciencia. Desde la ciencia no tenemos respuestas para todas las preguntas, pero si tenemos las mejores respuestas basadas en evidencias con las que la sociedad puede contar para avanzar optimistas y aprovechar el mar de oportunidades que tenemos ante nosotros.