El AMBI es un indicador biótico que mide el estado ecológico de los fondos marinos submareales. Fue desarrollado por investigadores del centro tecnológico AZTI-Tecnalia, del País Vasco, España, en el año 2000.

AMBI se crea con el propósito de dar respuesta a las directrices emanadas de la Directiva Marco del Agua de la Unión Europea. Su sigla responde a AZTI Marine Biotic Index, AMBI.

Este indicador se basa en la macrofauna bentónica, la cual responde a los cambios en las variables físico-químicas del sedimento de manera gradual, observándose en la composición específica de las comunidades y en la abundancia relativa de las especies.

El AMBI se basa en la abundancia relativa de las especies de la macrofauna bentónica clasificadas en 5 grupos ecológicos, del I al V, que representan diferentes grados de tolerancia a la alteración del medio, desde más sensibles a la alteración a oportunistas.

¿Por qué usar AMBI?

  • Ha sido validado contra una serie de presiones y fuentes de impacto (existen >420 referencias), en todo el mundo (Borja et al., 2003; Muxika et al., 2005; Teixeira et al., 2012): Mitilicultura, salmonicultura, descarga de aguas industriales y domiciliares, hidrocarburos, metales pesados, etc.
  • AMBI es insensible a la variabilidad estacional (en ausencia de impactos externos) e independiente del tamaño de muestra (Muxika, 2007).
  • Ha sido comparado y validado a través del mundo (Teixeira et al., 2012; Muniz et al., 2012).
  • AMBI puede modelizarse para predecir impactos y cargas soportables, si se tienen datos de los cultivos y del medio natural (Borja et al., 2009).
  • AMBI tiene un protocolo de uso (Borja y Muxika, 2005; Borja et al., 2012 (http://www.azti.es/rim).
  • Sus resultados son comprensibles para un amplio espectro de usuarios y no restringido sólo a científicos.
  • Es fácil de usar: existe un programa gratuito, con una lista de más de7000 especies que se actualiza regularmente (http://ambi.azti.es)

Contexto

Las actividades que se desarrollan en estrecha relación con el sistema marino pueden generar cambios cuya magnitud y distribución en el espacio y tiempo necesitan ser monitoreadas de manera de prevenir cambios que alteren los servicios ecosistémicos que el sistema marino entrega a los seres humanos y al resto de los seres vivos que conforman el ecosistema.
Es por esto que resulta necesario implementar herramientas de monitoreo que permitan conocer el estado ecológico del sistema y así agentes públicos y privados puedan tomar decisiones oportunas, pertinentes y efectivas.

Existen diversas herramientas que nos permiten medir y evaluar el estado ecológico del sistema marino. Sin embargo, en el contexto del monitoreo de sistemas intervenidos cabe preguntarse al menos lo siguiente:

  • ¿Qué es lo que nos indicará que un lugar está siendo impactado?
  • ¿Cuál es el nivel de impacto que como sociedad vamos a aceptar?

¿Qué información entrega este indicador?

a gradualidad del reemplazo de especies en respuesta a las alteraciones del fondo, permite clasificar el impacto en distintos niveles, entregando la posibilidad de definir cuál es el nivel de impacto aceptable.

Este indicador calcula un valor entre 0 (sin alterar) y 7 (sin macrofauna) que permite evaluar el estado de cualquier lugar marino del mundo.

Los autores de AMBI, han establecido como valor límite el de 3,3. Es decir, sobre este valor las comunidades muestran signos de deterioro que están asociados a cambios importantes en los parámetros físico-químicos del sedimento.

Un ejemplo de aplicación: acuicultura en Chile

En Chile, la acuicultura se encuentra regulada por normativa ambiental, que establece el diseño del monitoreo y los parámetros ambientales que definen los límites de aceptabilidad para continuar operando. Dichos parámetros son del tipo químico y biológico (a través de la presencia de cubiertas de microorganismos).

Sin embargo, no considera a los organismos macroscópicos que viven en el fondo marino y que serían impactados por las actividades de acuicultura. Al respecto, la literatura demuestra que es necesario incorporar en los monitoreos indicadores bióticos, es decir, aquellos que se basan en los organismos que viven en el fondo marino.
Las especies macrobentónicas (organismos de tamaño corporal entre 1 mm y 5 cm) que viven en los fondos blandos del mar pueden informar muy bien acerca de lo que está sucediendo en el sistema bentónico, puesto que son relativamente sedentarias (no pueden evitar fácilmente las condiciones adversas), tienen ciclos de vida relativamente largos (pueden integrar eventos que ocurren en la columna de agua y fondo), incluyen especies con diferentes estrategias de vida (muestran diferentes grados de tolerancia al estrés) y juegan un rol importante en el reciclaje de nutrientes en el sedimento.